miércoles, 8 de octubre de 2014

Disposición del cuerpo y los elementos en la escena del hallazgo


Se trata de un individuo bien constituido y sus formas en general, como la amplitud de las caderas, su rostro (del que ha perdido sólo la nariz), las trenzas del peinado y otras particularidades, acusan que ese cadáver es el de una mujer. Este hecho, al parecer anómalo, tratándose de la faena en que invariablemente se ocupaba, merece ciertos reparos y contradicciones.

Otros detalles ….

Los músculos de los brazos y piernas, apenas si tienen alguna deformación, ocasionada por la presión del derrumbe y de las piedrecillas que se han incrustado en ellos. En algunas partes, especialmente en los brazos, se puede aún distinguir la diferencia de color entre la
piel sana y la herida, a tal punto que se creería ver manar sangre de esta última. En la cabeza, que esconde entre sus brazos, se ve la boca contraída y, según parece, la sangre ha brotado por los oídos; las piernas están recogidas en forma que una rodilla, escurrida bajo la otra, ha buscado inconscientemente la parte carnosa para lastimarse menos.
El cabello, trenzado en varios chapes, y las cejas se conservan perfectamente. Como traje, llevaba a la cintura una tela de tejido grosero de lana de llama y en los tobillos dos brazaletes de tiras de cuero del mismo animal, con su lana, que se ve teñida de verde, probablemente por causa de la disolución del óxido de cobre. Se dice que fue hallado con una cesta pequeña en la mano y que a su lado se encontraron otra más grande, un capacho de cuero, un hacha de piedra y varios martillos del mismo material, atados a mangos de madera por medio de correas de piel de llama.



Derrotero, periplo y vicisitudes del Hombre de Cobre post-hallazgo

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